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NACIONALES

Cambio de Hábitos

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Que el mundo real se transformó en una distopía, que se va a acabar del capitalismo (o que se va a reforzar), que lo que viene es un Estado totalitario o un socialismo sui generis. En las últimas semanas –y siempre a la luz de la pandemia–, intelectuales y opinólogos han intentado predecir cuál será el estado de situación cuando esta “excepción” deje de serlo.

Sin embargo, poco nos preguntamos sobre aquellas cuestiones de la vida cotidiana que por habituales muchas veces pasan inadvertidas. Los pequeños gestos que entrelazan nuestras acciones de manera individual y colectiva, aquellos hábitos que nos definen como sociedad.

Si bien la pandemia golpeó a casi todos en el mundo, las respuestas estatales fueron disímiles (al igual que el éxito que obtuvieron) entre los distintos países. Es que detrás de esas decisiones las cuestiones culturales jugaron un papel central.

Por ejemplo, en los países nórdicos como Dinamarca, la cuarentena no es tan estricta y las únicas reuniones prohibidas son las de más de diez personas. Según cuenta Agustina Coirini, comunicadora instalada en Copenhague, cuando más de 10 personas se juntan en un parque o en un bar ahí sí se deben resguardar las medidas de distanciamiento. Ahora que llegó la primavera muchos se volcaron a la calle pero siempre cumpliendo con las sugerencias que el estado hizo al respecto. Consultada sobre si los daneses son apegados a cumplir las normas, Coirini dice que sí, que si bien son relajados, son muy conscientes de lo que ocurre. No modificaron completamente sus hábitos en tiempo de pandemia.

Algo muy distinto ocurrió en Italia, donde la situación tuvo que mutar por el desborde de la crisis. “A fines de febrero se frenaron las clases y los museos y se le pidió a la gente que deje de salir, pero todos siguieron saliendo”, dice desde Milán la periodista María Carla Oler, quien agrega que “incluso hubo una campaña local que se llamaba ‘Milán no para’”.

Y cierra: “Acá se sale muchísimo, hay mucha cultura del bar y de la reunión. Salen cuatro o cinco veces al día a tomar aperitivo, cafés. No había manera de que la gente se quedara en sus casas. Si bien apelaron a la responsabilidad no funcionó. El bar y las iglesias eran intocables. Al pueblo italiano le costó muchísimo adaptarse”.

Algo similar ocurrió en Nueva York. La periodista cordobesa radicada allí, Pamela Subizar, cuenta que, debido a la prioridad de las libertades individuales, el Gobierno comenzó sugiriendo el distanciamiento y cuarentena en las casas, pero no funcionó hasta que se cerraron determinados lugares. “Era imposible modificar los hábitos”, dice Subizar y relata que la variedad de comunidades religiosas y culturales de la ciudad tuvieron una respuesta disímil a las medidas de cuidado porque que sus hábitos fueron más fuertes.

Con la cuarta semana de cuarentena obligatoria tachada del calendario y un futuro todavía incierto en la materia, Argentina viene sobrellevando el distanciamiento y las medidas de higiene como una experiencia completamente nueva. Lavarse las manos constantemente, tener especial cuidado al volver de la calle limpiando objetos y vestimentas, mantener la distancia corporal con aquellos desconocidos (y conocidos con los que no se convive), son algunas de las cosas que cambiaron en este último mes.

¿Y por casa?

Cabe entonces preguntarse cuáles de los nuevos hábitos llegaron para quedarse en una sociedad acostumbrada al acercamiento físico, a las reuniones sociales y familiares y poco apegada a las diferencias entre el “afuera y el “adentro” de las casas.

Sobre el tema, la decana de la Facultad de Psicología de la UNC, Patricia Altamirano, dice que los cambios van a depender de cada ciclo vital, estrato socioeconómico y socioeducativo: “Cada estructura psicológica lo toma de una manera particular y crea sus propias formas de gestionar la norma social”.

“En este sentido, los cambios llegaron para quedarse, y algunos tienen impacto, aunque no tanto. Porque la higiene no es una mera actividad práctica, sino que se vincula con la construcción de la subjetividad”, dice Altamirano. Y agrega: “No sólo se refiere a si me lavo las manos más o si utilizo elementos específicos para mantener mi cuerpo alejado de virus o bacterias. Esas prácticas transforman a otras como la higiene en el hogar, la educación de los hijos, la higiene en los vínculos, relaciones sexuales, abrazos, besos, relaciones ocasionales y hasta la responsabilidad afectiva”.

Mientras un alto asesor científico de la Casa Blanca, Anthony Fauci, sugirió días atrás modificar para siempre la costumbre occidental de darse la mano para saludarse, deberíamos intuir que el beso, al que estamos acostumbrados desde hace mucho tiempo los argentinos, también podría o ¿debería? modificarse.

Nos preguntamos también qué suerte correrán los “abrazos de gol”, cuando el gusto por los espectáculos en los que la gente se amontona (recitales o fútbol) está tan arraigado en la cultura local. Y qué pasará con otras situaciones menos placenteras como ir apretados en el transporte público.

Al respecto, el psicólogo, Jorge Asef, quien ya viene trabajando temas vinculados al Covid-19, asegura: “Es arriesgado decir si vamos a cambiar esas cuestiones porque la experiencia nos demuestra que el ser humano no es muy plástico a aprender de sus errores. La gente suele cometer los mismos errores con frecuencia. El psicoanálisis a eso le llama ‘compulsión a la repetición’”.

Para explicarlo, el coordinador académico de la Maestría en Psicoanálisis de la UNC dice que a veces las conductas humanas son como un río que por más que sea desviado luego vuelve a su cauce. “Apenas esto pase va a haber ciertos hábitos o conductas que probablemente se hayan modificado o atemperados porque la gente va a estar asustada o con miedo, pero no sé si eso va perdurar en el tiempo”, sintetiza.

Cabe recordar que hace una década, en plena epidemia de Gripe A, también se intentó inculcar que es mejor toser o estornudar en el codo. Son hábitos que cuesta incorporar en nuestra sociedad que, además, no tiene por costumbre el uso del barbijo como sí ocurre en Asia, donde muchas personas lo usan hace años para protegerse del sol, la polución o como accesorio.

Sobre la nueva costumbre de quitarse los zapatos al ingresar a la casa para separar el afuera del adentro y resguardar la higiene, pesa otro interrogante. Asef dice que “hay condiciones sociales, económicas y culturales que exceden a la conducta preventiva y muchas veces no acompañan estos cambios”. Y pone un ejemplo: “Esa práctica la vi hace muchos años en Escandinavia pero allá no tienen problemas para pagar el gas y pueden estar descalzos con 15 grados bajo cero”.

Relaciones y virtualidad

Entre las cosas que se modificaron con la cuarentena están las relaciones mediadas por la tecnología. En ese sentido Asef sí nota que hay un cambio posible y pone un ejemplo: “En ciudades como Nueva York uno ve que todo el mundo está en las cafeterías con sus computadoras y acá no era tan habitual. Tenemos la costumbre de encontrarnos para trabajar y antes de la pandemia nos embotellábamos, tardábamos más tiempo, pagábamos estacionamiento para ir a reuniones de 40 minutos al Centro. Ahora las plataformas virtuales para reuniones nos están demostrando lo práctico que puede ser tener una reunión en el siglo 21”.

En ese sentido, Asef dice que antes una “una videollamada era una situación que un argentino usaba en caso de medidas extremas cuando no quedaba otra” y asegura que para que estos cambios persistan y se modifiquen nuestras conductas hay que vencer determinadas “inhibiciones”.

Además agrega: “Hay una predilección por el encuentro humano que tienen las sociedades latinas en general, y en Argentina en particular. Las reuniones no son solo laborales, sino que cumplen la función de encontrarse con otro”.

Eso mismo, junto con el recelo que generan a algunos los sistemas de tecnología explicaría lo ocurrido semanas atrás cuando muchos jubilados fueron a cobrar a los bancos en medio de la cuarentena, aun teniendo sus tarjetas para hacerlo por cajero.

Asef lo explica: “Una inhibición común es lo que nos provoca lo nuevo, por ejemplo la tecnología. Hay gente que no se anima a usarla. Lo que pasó con algunos jubilados es un ejemplo (…) En nuestro país hay mucha gente se siente con limitaciones frente a estas posibilidades. Además los jubilados toman el ir a cobrar como una salida al mes que es un espacio de encuentro social”.

Sobre cómo podrían afectarse nuestros hábitos cotidianos relacionados con el vínculo con el otro, Altamirano asegura que va a depender de cómo queden las comunidades al salir de la crisis. Y agrega: “Desde que Internet y la telefonía móvil se intensificaron, la mayoría de nosotros ha cambiado radicalmente su vida, asistiendo a una resignificación del vínculo social, aun antes de la pandemia. Esto ya venía provocando alteración y cambio de hábitos. Es como un viaje, una experiencia de transición y no volveremos iguales a lo que era nuestra cotidianidad”.

Y cierra: “Respecto del imperativo social de tenerlo todo, de ser eficiente, de usar todo el tiempo, de darse atracones de series, podemos decir que es anterior a la pandemia y esta sólo lo recrudeció”.

DEPORTES

Los Manseros en Cosquín 2023 encendió el debate: ¿hay un momento para el retiro en la música?

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Lo que comenzó a generarse con Los Manseros Santiagueños, hace poco más de 10 años en el público, es un fenómeno que tiene pocos antecedentes en el folklore argentino y hasta en la música mundial.

Un grupo con una enorme historia, pero hasta ese momento sin demasiada cabida en los grandes festivales y menos en la escena porteña, logró en poco tiempo una masividad y difusión impensada, que los llevó primero a ser cabeza de cartel en espacios clave como Jesús María (donde fueron rompiendo todos los récords de convocatoria) y enseguida a ser solicitados para todos los máximos eventos folklóricos, en una seguidilla que desembocó en un histórico primer show en el Luna Park en 2013.

La explicación del fenómeno

Las razones para ese fenómeno que se prolongó en el tiempo hay que buscarlas por supuesto en el respaldo de una obra sustanciosa y seminal para la expansión de un ritmo como la chacarera. Así como Los Chalchaleros fueron el símbolo de Salta y sus zambas, Los Manseros lograban lo propio para Santiago del Estero y su género madre. SIn dudas, estamoa hablando de leyendas de nuestra música de raíz.

Pero también hubo otros aspectos que ayudaron a alimentar ese boom por momentos inexplicable. Uno tiene que ver con la estética, ya que, con sus bombachas, botas y ponchos marrones al hombro, se mantienen como uno de los pocos grupos en seguir cultivando ese rasgo identitario.

A esto hay que sumarle el enorme carisma de dos de sus integrantes: “el Negro” Onofre Paz, único sobreviviente de los fundadores allá por 1959, y Guillermo “Fatiga” Reynoso, quien tenía un verdadero imán con la gente hasta que falleció en 2016, algo que siempre generó cierta envidia de su compañero. “No te hagas el solista vos. No ves que la gente te alienta porque estás viejo”, supo decirle Paz a “Fatiga” en alguna oportunidad.

De un tiempo a esta parte (y sobre todo pandemia mediante), algo notorio aunque lógico comenzó a pasar con Los Manseros. Con el evidente deterioro de la salud de Onofre (cumple 82 este año) y con las dificultades que comenzó a tener para entonar, hay una sensación flotando en el aire de que cualquier presentación puede ser la última.

“Sí, me cuesta hacer la valija. Pero, gracias a Dios, hay salud, ya que sin salud no se puede viajar ni cantar”, le decía Paz a este diario en una entrevista en 2014, previa a uno de los desembarcos en Jesús María que terminó siendo histórico.

El deterioro y el paso del tiempo

Ahora parece que, finalmente, ese momento en que la salud no lo acompaña ha llegado. De hecho, la actuación del año pasado en Cosquín pareció ser la última de su la historia en el festival, ya que mostró a un Onofre cantando a duras penas, sentado y sin poder tocar la guitarra. Y ni hablar de sus comentarios, siempre al borde del derrape. La gran ovación que recibieron pudo ser el mejor broche de oro.

Este año, la posibilidad de regresar a Cosquín por la baja de Los Nocheros les dio una nueva oportunidad de ampliar ese “hasta siempre”. Los inconvenientes de Paz fueron todavía más notorios y de hecho al terminar esta gira veraniega deberá operarse por un problema en el brazo.

En la cuestión vocal, el propio fundador se rió de sus evidentes dificultades. “¿Está sonando bien?”, preguntó Alito Toledo en un pasaje del show. “¡Cómo querés que esté sonando bien si estamos cantando muy fiero!”, respondió Onofre sin filtro. En el folklore, la cuestión del canto debería ser un buen parámetro para medir la continuidad o no de un proyecto.

El otro detalle no menor, fue que Paz sorprendió con un saludo para su hijo Martín, quien fue parte del grupo por muchos años hasta que él mismo lo echó del escenario en 2017, en lo que significó un escándalo de proporciones. Ese posible camino hacia una reconciliación también abre la puerta para lo que podría ser una despedida con una imagen más noble y amable.

Está claro que en el caso de Los Manseros el apoyo del público sigue estando, aunque también es cierto que ya no tan incondicional y multitudinario como hace algunos años. Este evidente deterioro generó que, más allá del orgullo inclaudicable de sus seguidores, muchos comenzaran a sentir pena por el artista.

Esta realidad instaló un debate durante el festival y que se puede replicar para otros casos de músicos legendarios que sufren el inexorable paso del tiempo. ¿Hay un momento para retirarse? ¿Hasta qué momento es digno seguir en esas condiciones?

Otros casos resonantes

Si tomamos el ejemplo de los mencionados Chalchaleros, las diferencias son grandes, ya que, al comenzar con su gira despedida (se extendió por dos años), su fundador, Juan Carlos Saravia, tenía “sólo” 70. Es difícil que Onofre pudiera afrontar una exigencia de esas características, aunque por supuesto que sería un desenlace muy merecido por su trayectoria. También es cierto que Los Manseros podrían continuar sin “el Negro” Paz: por su carácter, tan fuerte como controversial, suena complicado que este panorama ocurra.

Yendo a otros géneros musicales, lo que sucedió con Charly García es más que evidente. Aunque una parte de su público pretende que el genio se siga presentando en lugares como Cosquín Rock, está claro que su estado físico no se lo permite. Ya sus últimas presentaciones (en Córdoba fueron en la Plaza de la Música 2018) lo mostraron con enormes dificultades para cantar y para desplazarse, algo que se acrecentó en los últimos años, como se pudo ver en las apariciones públicas más recientes.

El caso más emblemático de lo que “no se debe hacer” es sin dudas el de Chuck Berry, el legendario guitarrista y uno de los padres del rock and roll, que se embarcó en una gira mundial en un estado penoso. No sólo casi no podía tocar el instrumento del que fue pionero, sino que se retiró del show antes del final. Para muestra, ver algunos de los videos que hay subidos en YouTube sobre su lamentable show en el Luna Park.

En definitiva, se trata de una decisión muy personal de cada artista, aunque muchas veces es fundamental la influencia de la familia y del entorno, donde el factor económico tiene mucho que ver. La pregunta que puede ayudar a responder la cuestión es: ¿con qué imagen del artista quiere que se quede el público que tanto lo veneró?

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DEPORTES

Carta documento de un hijo a sus padres

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Queridos pa y ma, estoy de vacaciones y, como saben, muy aburrido. Llueve, no puedo visitar amigos, los estúpidos de mis hermanos no quieren jugar conmigo y ustedes ni siquiera me prestan el celu.

Más aburrido que antes, decidí escribir cosas que pienso desde hace mucho tiempo.

Algunas ya se las dije, pero parece que no se acuerdan, siempre ocupados en trabajar todo el día o en ver noticias feas (¿no hay una buena después del Mundial?).

Sé que me estoy arriesgando; algo podría volverse en mi contra, pero, igual, acá va la lista escrita.

No me den todo lo que pido. A veces lo hago para me miren más, no para tener más cosas (dice la tía; es buena frase para empezar).Cuando digan sí, que sea siempre sí. Y cuando digan que no, no cambien. Voy a hacer enojos y berrinches –eso se sabe–, pero no se contradigan. Sé reconocer las rendijas por donde seguir insistiendo en mis caprichos.Este pedido es especial, aunque supongo que van a decir “y bue’, sos el del medio”. Me cansa estar siempre entre el “mayor” y la “princesa”. No me ayuda a saber si soy grande o soy chico, si el estúpido de mi hermano me tiene que cuidar o si yo debo cuidar a la estúpida de mi hermana, o qué. Y algún día me gustaría poder elegir pata (siempre pechuga o mísera ala). Ah: si llegan a querer tener otro hijo, me voy con los abuelos.Si ven que algo me sale bien, díganmelo. Repítanlo en familia, con amigos, con vecinos. Que me reconozcan por eso, no por lo que me sale “maso”.No me digan tantas veces lo mismo. Yo escucho perfectamente la primera vez; las demás no las registro porque, a mi edad, elijo algo más interesante que bañarme, acomodar las zapatillas, cepillarme los dientes, no embarrar el pantalón nuevo, llamar a la mesa, pasearlo al Betún.Me duele la panza todas las semanas, lo recontrasaben. Pero mientras voy mejorando, no pregunten cada vez: “¿Hiciste caca?”, “¿comiste porquerías?” “¿te fijaste en la fecha de vencimiento de las salchichas?”. En esos momentos necesito mimos, no preguntas.Si salimos a caminar, trátenme como a Betún. Tengan paciencia si me paro en cada árbol, si miro el paisaje o si camino despacio. Nunca tiren de la correa.Esto no es un pedido, sino un comentario constructivo: me gusta más la cara que ponen cuando vienen amigos a casa que la cara de todos los días. Están relajados, sonríen más.No se preocupen si un día me ven jugando sólo con varones, otro día con chicas y otro, con ese compañero que le gusta vestirse como mujer. Ustedes ya sembraron mi identidad y, aunque falte tiempo, hoy sé quién soy. El género se construye, no se contagia (otra gran idea de la tía).No me pidan que siempre diga toda la verdad. Les prometo que nunca les voy a mentir, pero a mi edad se necesita un poco de margen de acción.Si al terminar de leer esta carta creen que todo esto es basura, es probable que me haya equivocado de dirección. No podría haberla pensado ni escrito si ustedes no fueran ustedes.Los quiero y los necesito todos los días. Prometo hacer lo posible por aguantar a mis (estúpidos) hermanos.

* Médico

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CAPILLA DEL MONTE CLIMA