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Juicios de Núremberg: a 75 años del proceso contra los jerarcas nazis

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Más de 250 corresponsales de prensa de todo el mundo se agolparon durante la mañana del 20 de noviembre de 1945 en el Palacio de Justicia de Núremberg, Alemania. La mayor guerra en la historia de la humanidad acababa de finalizar, dejando 60 millones de víctimas y al continente europeo en ruinas.

Por primera vez, los países vencedores juzgarían a los vencidos a través de un Tribunal Penal Internacional.  

“El privilegio de abrir el primer juicio de la historia por crímenes contra la paz del mundo impone una seria responsabilidad. Los agravios que buscamos condenar y castigar han sido tan calculados, tan malignos y tan devastadores, que la civilización no puede tolerar que sean ignorados, porque no podría sobrevivir si se repiten”. Robert H. Jackson, fiscal norteamericano.

La designación de aquella ciudad bávara como sede no fue casual: allí se promulgaron las leyes raciales de 1935 y tuvieron lugar las grandes movilizaciones del partido nacional-socialista. No menos importante, Núremberg era la única ciudad alemana cuyo Palacio de Justicia quedaba en pie, y disponía de una antigua prisión para los reos. En un hotel cercano podrían alojarse las delegaciones aliadas y los periodistas.

La idea de enjuiciar a los nazis surgió durante la Conferencia de Teherán, en noviembre de 1943, el mejor momento para los aliados desde el inicio del conflicto. Era el primer encuentro entre el presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, el premier británico Winston Churchill y el líder soviético Iosif Stalin.

La victoria de Stalingrado permitió a los rusos avanzar hacia el oeste. Los occidentales ya habían expulsado a los alemanes en el norte de África y logrado desembarcar en Silicia e Italia continental. El final de la guerra era cuestión de tiempo; el ambiente, inmejorable. 

Stalin propuso, una vez que cayera Berlín, ejecutar a 50.000 oficiales alemanes, el grueso del ejército. Roosevelt le respondió con una broma: “En vez de ejecutar sumariamente a cincuenta mil oficiales, deberíamos fijar un número menor… ¿no podríamos decir cuarenta y nueve mil quinientos?”.

Los soviéticos querían de algún modo resarcirse: durante la guerra cayeron cincuenta rusos por cada estadounidense. En el frente eslavo-germano, la mayoría de las víctimas fueron civiles, que sufrieron una crueldad absurda por parte de ambos bandos.

Los occidentales, que no atravesaron niveles tan profundos de horror y se veían a sí mismos como paladines de la libertad y la democracia, propusieron realizar un juicio y otorgarle a los acusados la posibilidad de defenderse con garantías procesales. Esto era algo que los nazis nunca hicieron con sus víctimas: a los ojos del mundo, una manera de demostrar superioridad moral, sin anhelos de venganza. 

El juicio

El Tribunal estaría compuesto por cuatro fiscales, cuatro jueces titulares y cuatro suplentes, uno por cada potencia aliada: Estados Unidos, el Reino Unido, la Unión Soviética y Francia.

Cada asiento de la sala contaba con unos auriculares y un dispositivo que permitía elegir entre cuatro idiomas: inglés, francés, alemán y ruso, con lo que quedaba inaugurada la traducción simultánea. También fue necesario disponer de traductores de polaco, ucraniano, checo, yidis y húngaro.

El fiscal norteamericano Robert H. Jackson leyó aquel martes el Acta de Acusación contra 24 jerarcas, donde se determinaron los delitos que se les imputaban:

  • Crímenes de conspiración: participar de un plan o conspiración común para ejecutar delitos contra la paz.
  • Crímenes contra la paz: Planear, preparar, iniciar o dirigir una guerra de agresión, con violación de los tratados internacionales, acuerdos y garantías.
  • Crímenes de guerra: asesinatos civiles, ejecuciones de prisioneros de guerra y rehenes, robo de bienes públicos y privados, destrucción de objetivos no militares, deportación de población civil.
  • Crímenes contra la humanidad: Persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos. Exterminio, asesinato, esclavitud, deportación o trato inhumano a la población civil.

Los acusados

Adolf Hitler, Heinrich Himmler, Joseph Goebbels y Martin Bormann ya estaban muertos. De los nazis que quedaban, los más conocidos era el número dos del régimen y jefe de la Luftwaffe, Hermann Goering; el ministro de Relaciones Exteriores, Joachim von Ribbentrop; y el secretario de Hitler hasta 1941, Rudolf Hess. Otros tenían grandes responsabilidades pero eran menos famosos, como el general de las SS Ernst Kaltenbrunner y el abogado Hans Frank. 

El resto de los acusados en el juicio principal fueron Albert Speer, Alfred Jodl, Wilhelm Keitel, Karl Doenitz, Wilhelm Frick, Alfred Rosenberg, Fritz Sauckel, Arthur Seyss-Inquart, Julius Streicher, Walther Funk, Erich Raeder, Baldur von Schirach, Konstantin von Neurath, Hans Fritzsche, Franz von Papen, Hjalmar Schacht, Gustav Krupp y Robert Ley.

La defensa

Los abogados argumentaron que el juicio carecía de legalidad por el principio de nullum crimen, nulla poena sine praevia lege: para que un acto sea considerado delito, debe estar determinado por una ley previa. En aquel entonces, la guerra de agresión y los crímenes contra la humanidad no estaban tipificados en el derecho internacional, sólo incluidos en los códigos penales de algunos países. Por otra parte, los acusados pidieron ser juzgados bajo leyes alemanas, apelando al principio de territorialidad.

Pero los fiscales señalaron que existe una gran diferencia en condenar a un individuo por un acto que no constituía un delito en el momento en que lo cometió, a castigarlo por una conducta criminal que no podía ser juzgada en ese momento por no existir un tribunal competente. La ley alemana, en un principio, fue la que permitió que se desatara la guerra y que se cometieran los crímenes, lo que agravó la acusación. Por otra parte, con el país ocupado por potencias aliadas, la legislación local quedaba sin efecto. 

Otro de los puntos de la defensa se basó en que aquellos crímenes por los que estaban siendo juzgados también fueron cometidos por los aliados, citando varios ejemplos: el reparto y la invasión de la indefensa Polonia en manos de la Unión Soviética –y que fue en definitiva el casus belli–, su invasión de Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania, y sus hambrunas provocadas por las colectivizaciones forzosas en Ucrania; el lanzamiento de bombas atómicas sobre Japón por parte de Estados Unidos; los bombardeos de Hamburgo y Dresde; la invasión del Reino Unido a Irán e Islandia, y el plan de los británicos para invadir Noruega, del que se encontraron documentos probatorios durante la ocupación de Francia.

Los defensores arguyeron, además, que los acusados se limitaron a seguir órdenes de un superior motivadas por el amor a su patria, sobre una profunda base moral kantiana de honor y cumplimiento del deber en la que fueron criados.  

Pero el Tribunal consideró que existía un límite entre la obediencia debida y la moral humana al tratarse de semejantes crímenes, y procuró responsabilizar a los individuos por los actos cometidos sin diferenciar si dieron las órdenes, participaron de algún modo o las ejecutaron ellos mismos. De otra manera, sólo se podría culpar a Adolf Hitler.

Los Aliados tenían en claro que sólo se juzgarían los crímenes comentidos por las fuerzas del Eje.

La defensa denunció falta de garantías y complicidad entre jueces y fiscales, que comían en los mismos lugares, dormían en el mismo hotel y viajaban en los mismos aviones. En las celdas y en el comedor de la prisión había micrófonos ocultos, que grababan las conversaciones entre los acusados y sus abogados. Los psiquiatras informaban a los fiscales de las conversaciones con los internos y las cartas que enviaban y recibían pasaban por varios filtros que comunicaban cualquier asunto que pudiera tener relevancia en el juicio.

“¿Qué importancia tiene que unos hayan intervenido en estos crímenes en menor grado que otros, que unos sean los principales culpables y los otros solamente sus lugartenientes? ¿Qué importa que algunos sean responsables de la muerte de solamente unos cuantos miles de seres humanos y los otros de millones?” Sir Hartley Shawcross, fiscal británico.

Las pruebas                                       

Pese a las críticas procesales, las atrocidades del régimen nazi eran demasiado numerosas. A medida que avanzaba el juicio, se acumuló una abrumadora cantidad de documentos, testimonios y fotografías que acrecentaron la indignación pública.

Se determinó que Alemania violó 36 tratados internacionales en 64 ocasiones y que la transformación de su economía con fines bélicos comenzó en 1935.

Las víctimas denunciaron crímenes cometidos contra la población civil sobre las regiones ocupadas, que incluyeron fusilamientos, muertes por hambre, ejecuciones, torturas, experimentos, golpizas, falta de higiene, detenciones sin proceso, trabajos forzados y esclavitud. 

El proceso duró 218 días, sólo superado por los juicios de Tokio, con 417.

Hubo ciudades y pueblos masacrados enteramente en Polonia, Checoslovaquia, Italia, Bielorrusia, Grecia y Yugoslavia. Un modus operandi usual de las SS consistía en encerrar a la población dentro de un granero, incendiarlo y dispararles a los que intentaban escapar.

También se demostró la deportación masiva de civiles y la brutalidad durante el transporte de los mismos, el robo de bienes privados, víveres, bienes de capital y materias primas, la destrucción y el saqueo de templos, galerías de arte y museos.

La creación de campos de concentración y el exterminio organizado de grupos humanos generaría más juicios y condenas. Se le atribuye al régimen nazi la escalofriante cifra de 6 millones de víctimas judías y 11 millones de muertos entre civiles soviéticos y polacos, prisioneros de guerra, gitanos, discapacitados, homosexuales y otras minorías. 

Muchos gobiernos cometieron crímenes e incurrieron en abusos durante la Segunda Guerra Mundial, pero no todos desarrollaron un plan de exterminio tan sofisticado como lo hicieron los nazis, cuyo grado de barbarie resultó injustificable.

La sentencia

Antes de que los jueces dieran su veredicto, Albert Speer, Baldur von Schirach y Hans Frank se mostraron arrepentidos.

El tribunal sentenció a once de los acusados a morir en la horca. Tres recibieron prisión perpetua, dos condenas a veinte años de prisión, uno a quince y otro a diez. Tres fueron absueltos.

La noche del 16 de octubre de 1946, el gimnasio de la prisión del Tribunal olía a whisky, café y cigarrillos rubios, de acuerdo con la prensa de la época. Los soldados montaron allí tres horcas de dos metros y medio de altura, pintadas de negro. El papel de verdugo lo ocuparía el sargento mayor estadounidense John C. Woods. Los norteamericanos se encargaron de la mayoría de las cuestiones procesales desde el principio hasta el final.

Los acusados pasaron al gimnasio uno por uno. El procedimiento consistió en atarles las manos a la espalda, permitirles decir unas últimas palabras y recibir una bendición si eran religiosos, colocarles una capucha negra, subirlos al patíbulo, atarles la soga al cuello y abrir la trampa. 

Dos horas después, diez cuerpos eran fotografiados por un soldado del Ejército nortamericano. En un principio las imágenes serían secretas, pero poco después se difundieron a la prensa.

Al parecer, algunos ajusticiados golpearon su cabeza contra las tablas por ser demasiado estrecho el agujero por donde caían, y en las fotografías aparecen manchados de sangre. Rumores de la época afirmaron que las sogas de fabricación italiana utilizadas para las ejecuciones eran demasiado cortas, lo que impidió que determinados ejecutados se rompiesen el cuello y agonizaran algunos minutos en un inútil pataleo contra la muerte.

Sólo Hermann Goering, el reo más importante, no participó del espectáculo. Pocos antes de ser ejecutado, se suicidó dentro de su celda con una píldora de cianuro potásico, presuntamente facilitada por un guardia a cambio de objetos personales.

El legado

Uno de los textos que circuló por el Tribunal fue el del escritor alemán del siglo XVIII, Johann Wolfgang von Goethe. Hablando de su pueblo, escribió que habría un día en el que tendría que enfrentarse con su destino: “El destino los aniquilará porque ellos mismos se habrán traicionado y no querrán ser lo que son. Es lamentable que no conozcan el estímulo de la verdad, que se entreguen incondicionalmente en manos del primer granuja que incite sus instintos más bajos, les fomente sus vicios y les enseñe a comprender y defender el nacionalismo como aislamiento y brutalidad”.  

El fiscal Jackson señaló que no era intención del Tribunal “inculpar al pueblo alemán. Si la amplia masa del pueblo alemán hubiera aceptado voluntariamente el programa del Partido nacional-socialista, no habrían sido necesarias las SA, ni los campos de concentración, ni la Gestapo”. La mayoría de los alemanes también fueron víctimas de los nazis, que al final debieron rendir cuentas a su propio pueblo. 

Los crímenes contra la humanidad establecidos en Núremberg sirvieron como base para el concepto de genocidio, creado por el jurista polaco de origen judío Raphael Lemkin. Para Lemkin, un genocidio ocurre cuando la muerte no es un medio, sino un fin en sí misma. El ataque contra otro grupo humano, entonces, equivale a un ataque contra toda la humanidad.

“Este proceso ha de convertirse en una piedra en la historia de la civilización, no solamente condenando a los culpables, sino también como exponente de que el bien siempre triunfará sobre el mal. El hombre sencillo de este mundo, y no hago aquí diferencias entre amigos y enemigos, está firmemente decidido a colocar al individuo por encima del Estado”. Hartley Shawcross, fiscal británico.

Los estatutos y las sentencias del Tribunal de Núremberg sirvieron como base del Derecho Internacional y son el origen de la Corte Penal Internacional de La Haya. Hoy en día, representan un ejemplo donde el derecho y la justicia estuvieron por encima de los jefes de Estado y los que estaban a sus órdenes, subrayando la importancia de que cada individuo rinda cuentas por sus actos ante la sociedad. 

El escritor italiano Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz, consideró que los procesos fueron una “simbólica, incompleta, parcial y sagrada representación”. Tras la sentencia declaró sentirse “íntimamente satisfecho”. 

Los nazis, que cometieron algunos de los mayores crímenes del siglo XX y de la historia, acabaron siendo juzgados y condenados, lo que no es poco. Tristemente, muchos dictadores a la altura de Hitler murieron sin pagar por sus actos. Como dice Goethe, mientras existan aquellos que se entreguen incondicionalmente en manos del primer granuja que les fomente los vicios, la humanidad y la cultura no podrán dormir sin temor a ser destruidas, aniquiladas por el destino. 

Bibliografía

Joe J. Heydecker y Johannes Leeb. El proceso de Núremberg. (1958)

Richard Overy. Interrogatorios: El Tercer Reich en el Banquillo. (2002)

Fernando Paz. Núremberg. (2016)

Fernando Díaz Villanueva. Los juicios de Núremberg. (2018)

 

Stalin, Roosevelt y Churchill en 1943, durante la Conferencia de Teherán.
El Acta de Acusación.
Los 24 acusados en el juicio principal.
Fosas comunes en un campo de concentración.
Los aliados tomaron esta foto durante la liberación del campo de concentración de Bergen Belsen.
La hoja que utilizaron en el Tribunal para leer las sentencias.
Vista desde la cárcel de la prisión. Los reos eran vigilados las 24 horas.
Las celdas de la prisión de Núremberg donde se alojaron los jerarcas nazis.
Huesos de mujeres alemanas opositoras a los nazis, quemadas en hornos crematorios.
Una de las fotografías más famosas de los Juicios de Núremberg, en 1945.
Stalin, Roosevelt y Churchill en 1943, durante la Conferencia de Teherán.
Sala del Palacio de Justicia de Núremberg, 1945.
El Acta de Acusación.
Los 24 acusados en el juicio principal.
Las celdas de la prisión de Núremberg donde se alojaron los jerarcas nazis.
Vista desde la cárcel de la prisión. Los reos eran vigilados las 24 horas.
La hoja que utilizaron en el Tribunal para leer las sentencias.
Fosas comunes en un campo de concentración.
Los aliados tomaron esta foto durante la liberación del campo de concentración de Bergen Belsen.
Huesos de mujeres alemanas opositoras a los nazis, quemadas en hornos crematorios.
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Los 8 escalones: el gesto solidario del ganador con una participante que perdió

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Los 8 escalones deja momentos divertidos, asombrosos y también conmovedores. Este último fue el caso del programa que se emitió el lunes 6 a la noche, cuando un participante tuvo un gran gesto solidario con otra jugadora que había perdido antes.

En la noche del lunes, Luciano fue el ganador y se hizo con tres millones de pesos. El joven psicólogo tiene una fundación, Abrazo de gol, en la que un conjunto de profesionales trabaja por la inclusión de jóvenes, niños y niñas con discapacidad, a través del deporte y la cultura. Con el dinero que gana en el programa, Luciano quiere conseguir un terreno propio para la ONG.

Sin embargo, no fue el único noble objetivo que expresó en el pasado programa de Los 8 escalones. Luego de ganar, saludó al jurado y luego a sus compañeros que fueron quedando en el camino. En eso, se lo vio hablando con Cecilia, quien quedó en los cuatro mejores pero no llegó a la final.

Curioso, Guido se acercó a Cecilia al verla muy emocionada después de hablar con Luciano. Profundamente conmovida, ella contó el gesto solidario de su compañero.

“Luciano me dijo que me va a ayudar con el piso de mi casa”, contó, entre lágrimas.

Mirá cómo fue ese emotivo momento:

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Elecciones 2023: para la Izquierda, “Schiaretti es más macrista que el propio Juez”

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Luciana Echevarría, opinó este martes sobre la polémica en Juntos por el Cambio en relación a la posible incorporación de Juan Schiaretti.

“Nos dan la razón, son lo mismo, defienden los mismos intereses y tienen el mismo programa económico”, afirmó la candidata a legisladora por el MST en el Frente de Izquierda y Trabajadores – Unidad (Fitu).

“Hay que reconocer que Schiaretti es más macrista que el propio Juez y siempre fue la opción preferida de Macri para Córdoba. Lo raro no es que Schiaretti quiera incorporarse, sino que con tantas coincidencias aún no sea parte. Hacemos por Córdoba es macrismo explícito, está lleno de ex-UCR como (Myrian) Prunotto, ex-PRO como (Javier) Pretto y ahora se sumó hasta el propio (Orlando) Arduh”, agregó Echevarría.

Según la candidata, “hasta el 25 de junio Macri dirá que no, para no perder votos en la provincial, pero después de la elección la cosa va a ser distinta”.

“Se nos burlan en la cara”, alertó.

Diferencias

“Es muy difícil notar diferencias entre Hacemos por Córdoba y Juntos por el Cambio. Si las hubiera, no podrían cambiarse de lista tan facilmente como lo hacen. Lo dijimos siempre: para los viejos partidos la política no es más que negocios y no tiene nada que ver con la gente y sus necesidades. Es innegable que la única que refleja los intereses de los de abajo, es la izquierda”, remarcó.

“En la Legislatura votan juntos todo. Y lo van a seguir haciendo después del 10 de diciembre gane quien gane. Sólo desde la izquierda somos garantía de ser oposición real. Hemos denunciado cada una de las barbaridades cometidas por este gobierno y tenemos propuestas para terminar con este desastre. Es muy importante que las bancas de la izquierda se multipliquen para poner un freno a tanta rosca”, finalizó la referente del Frente de Izquierda Unidad”, cerró Echevarría.

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CAPILLA DEL MONTE CLIMA
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