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NACIONALES

Llaryora: un reclamo que incomoda a la Rosada

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Una movida de Martín Llaryora entró en el ya cargado radar de preocupaciones y de frentes de conflicto que debe afrontar el Gobierno nacional. Se trata del intento del intendente de Córdoba de liderar el reclamo de los alcaldes del interior por más subsidios nacionales al transporte urbano.

El jueves, un dirigente albertista cordobés recibió un llamado de un funcionario nacional de segunda línea con una consulta que no tiene que ver con el fondo del conflicto. “¿Llaryora está jugando solo o Schiaretti está detrás?”, fue la consulta.

No hay precisiones sobre la respuesta. El sondeo desde la Casa Rosada apunta a una motivación política, que parece no ser lo que moviliza el reclamo de los intendentes del interior.

Que de cada 10 pesos que la Nación reparte en subsidios para el transporte urbano, nueve queden en el Gran Buenos Aires, es una situación concreta que genera inquietud en las grandes ciudades del interior.

Pero para cualquier gobierno nacional, un reclamo desde un grupo de intendentes –y más si involucra a quienes gobiernan las dos ciudades más grandes, como Córdoba y Rosario– siempre es medido con una vara política.

El conflicto se generó en un contexto particular entre la Provincia y el poder central.

En medio de la cuarentena por la pandemia del coronavirus, el gobernador Juan Schiaretti había logrado un acercamiento con el presidente Alberto Fernández, luego de los primeros 100 días de gestión, de fría y distante relación.

La crisis del transporte urbano pone a los intendentes a la ofensiva para exigir un reparto más “equitativo” de los subsidios nacionales entre el puerto y el resto de las provincias.

Schiaretti conoce el problema y apoya la postura del dirigente al que impulsó para que el PJ retornara al poder en el municipio capitalino, luego de 46 años.

Claro que el gobernador tiene dos limitaciones para elevar su voz hacia la quinta presidencial de Olivos, el nuevo epicentro del poder nacional. Por un lado, necesita financiamiento para pagar salarios y jubilaciones. Además, espera el aval del ministro de Economía, Martín Guzmán, para poner en la calle los 9.000 millones de pesos en títulos de deuda que permitirán pagarles a proveedores y a contratistas del Estado provincial.

Inquietud

Llaryora ya habló con varios funcionarios nacionales y peronistas cordobeses que se referencian con Alberto Fernández. En especial, con el senador Carlos Caserio y con Martín Gill, secretario de Obras Públicas de la Nación, quienes tienen llegada a los principales despachos del Gobierno nacional.

El intendente capitalino habría tratado de dejar claro que no busca una pulseada con la Nación, pero que su gestión no puede afrontar el costo de parte de los salarios de los afiliados a la UTA.

Apelando a su perfil de negociador, Llaryora habría transmitido que con 90 millones de pesos “extras” a los 120 millones que ya gira la Nación podría resolver el conflicto del transporte. Problema que se agudizará a medida que se flexibilice la cuarentena.

Por ahora, los cordobeses no encontraron respuestas a los sondeos que hicieron con un ministro de relación directa con el Presidente: “Nosotros les enviamos mucha plata a las provincias; que los gobernadores resuelvan algún problema sin mirar hacia acá”, fue la respuesta. Un modo elegante de tirarle una pelota envenenada al gobernador Schiaretti.

Martín Llaryora. (Archivo / La Voz)

DEPORTES

Los Manseros en Cosquín 2023 encendió el debate: ¿hay un momento para el retiro en la música?

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Lo que comenzó a generarse con Los Manseros Santiagueños, hace poco más de 10 años en el público, es un fenómeno que tiene pocos antecedentes en el folklore argentino y hasta en la música mundial.

Un grupo con una enorme historia, pero hasta ese momento sin demasiada cabida en los grandes festivales y menos en la escena porteña, logró en poco tiempo una masividad y difusión impensada, que los llevó primero a ser cabeza de cartel en espacios clave como Jesús María (donde fueron rompiendo todos los récords de convocatoria) y enseguida a ser solicitados para todos los máximos eventos folklóricos, en una seguidilla que desembocó en un histórico primer show en el Luna Park en 2013.

La explicación del fenómeno

Las razones para ese fenómeno que se prolongó en el tiempo hay que buscarlas por supuesto en el respaldo de una obra sustanciosa y seminal para la expansión de un ritmo como la chacarera. Así como Los Chalchaleros fueron el símbolo de Salta y sus zambas, Los Manseros lograban lo propio para Santiago del Estero y su género madre. SIn dudas, estamoa hablando de leyendas de nuestra música de raíz.

Pero también hubo otros aspectos que ayudaron a alimentar ese boom por momentos inexplicable. Uno tiene que ver con la estética, ya que, con sus bombachas, botas y ponchos marrones al hombro, se mantienen como uno de los pocos grupos en seguir cultivando ese rasgo identitario.

A esto hay que sumarle el enorme carisma de dos de sus integrantes: “el Negro” Onofre Paz, único sobreviviente de los fundadores allá por 1959, y Guillermo “Fatiga” Reynoso, quien tenía un verdadero imán con la gente hasta que falleció en 2016, algo que siempre generó cierta envidia de su compañero. “No te hagas el solista vos. No ves que la gente te alienta porque estás viejo”, supo decirle Paz a “Fatiga” en alguna oportunidad.

De un tiempo a esta parte (y sobre todo pandemia mediante), algo notorio aunque lógico comenzó a pasar con Los Manseros. Con el evidente deterioro de la salud de Onofre (cumple 82 este año) y con las dificultades que comenzó a tener para entonar, hay una sensación flotando en el aire de que cualquier presentación puede ser la última.

“Sí, me cuesta hacer la valija. Pero, gracias a Dios, hay salud, ya que sin salud no se puede viajar ni cantar”, le decía Paz a este diario en una entrevista en 2014, previa a uno de los desembarcos en Jesús María que terminó siendo histórico.

El deterioro y el paso del tiempo

Ahora parece que, finalmente, ese momento en que la salud no lo acompaña ha llegado. De hecho, la actuación del año pasado en Cosquín pareció ser la última de su la historia en el festival, ya que mostró a un Onofre cantando a duras penas, sentado y sin poder tocar la guitarra. Y ni hablar de sus comentarios, siempre al borde del derrape. La gran ovación que recibieron pudo ser el mejor broche de oro.

Este año, la posibilidad de regresar a Cosquín por la baja de Los Nocheros les dio una nueva oportunidad de ampliar ese “hasta siempre”. Los inconvenientes de Paz fueron todavía más notorios y de hecho al terminar esta gira veraniega deberá operarse por un problema en el brazo.

En la cuestión vocal, el propio fundador se rió de sus evidentes dificultades. “¿Está sonando bien?”, preguntó Alito Toledo en un pasaje del show. “¡Cómo querés que esté sonando bien si estamos cantando muy fiero!”, respondió Onofre sin filtro. En el folklore, la cuestión del canto debería ser un buen parámetro para medir la continuidad o no de un proyecto.

El otro detalle no menor, fue que Paz sorprendió con un saludo para su hijo Martín, quien fue parte del grupo por muchos años hasta que él mismo lo echó del escenario en 2017, en lo que significó un escándalo de proporciones. Ese posible camino hacia una reconciliación también abre la puerta para lo que podría ser una despedida con una imagen más noble y amable.

Está claro que en el caso de Los Manseros el apoyo del público sigue estando, aunque también es cierto que ya no tan incondicional y multitudinario como hace algunos años. Este evidente deterioro generó que, más allá del orgullo inclaudicable de sus seguidores, muchos comenzaran a sentir pena por el artista.

Esta realidad instaló un debate durante el festival y que se puede replicar para otros casos de músicos legendarios que sufren el inexorable paso del tiempo. ¿Hay un momento para retirarse? ¿Hasta qué momento es digno seguir en esas condiciones?

Otros casos resonantes

Si tomamos el ejemplo de los mencionados Chalchaleros, las diferencias son grandes, ya que, al comenzar con su gira despedida (se extendió por dos años), su fundador, Juan Carlos Saravia, tenía “sólo” 70. Es difícil que Onofre pudiera afrontar una exigencia de esas características, aunque por supuesto que sería un desenlace muy merecido por su trayectoria. También es cierto que Los Manseros podrían continuar sin “el Negro” Paz: por su carácter, tan fuerte como controversial, suena complicado que este panorama ocurra.

Yendo a otros géneros musicales, lo que sucedió con Charly García es más que evidente. Aunque una parte de su público pretende que el genio se siga presentando en lugares como Cosquín Rock, está claro que su estado físico no se lo permite. Ya sus últimas presentaciones (en Córdoba fueron en la Plaza de la Música 2018) lo mostraron con enormes dificultades para cantar y para desplazarse, algo que se acrecentó en los últimos años, como se pudo ver en las apariciones públicas más recientes.

El caso más emblemático de lo que “no se debe hacer” es sin dudas el de Chuck Berry, el legendario guitarrista y uno de los padres del rock and roll, que se embarcó en una gira mundial en un estado penoso. No sólo casi no podía tocar el instrumento del que fue pionero, sino que se retiró del show antes del final. Para muestra, ver algunos de los videos que hay subidos en YouTube sobre su lamentable show en el Luna Park.

En definitiva, se trata de una decisión muy personal de cada artista, aunque muchas veces es fundamental la influencia de la familia y del entorno, donde el factor económico tiene mucho que ver. La pregunta que puede ayudar a responder la cuestión es: ¿con qué imagen del artista quiere que se quede el público que tanto lo veneró?

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DEPORTES

Carta documento de un hijo a sus padres

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Queridos pa y ma, estoy de vacaciones y, como saben, muy aburrido. Llueve, no puedo visitar amigos, los estúpidos de mis hermanos no quieren jugar conmigo y ustedes ni siquiera me prestan el celu.

Más aburrido que antes, decidí escribir cosas que pienso desde hace mucho tiempo.

Algunas ya se las dije, pero parece que no se acuerdan, siempre ocupados en trabajar todo el día o en ver noticias feas (¿no hay una buena después del Mundial?).

Sé que me estoy arriesgando; algo podría volverse en mi contra, pero, igual, acá va la lista escrita.

No me den todo lo que pido. A veces lo hago para me miren más, no para tener más cosas (dice la tía; es buena frase para empezar).Cuando digan sí, que sea siempre sí. Y cuando digan que no, no cambien. Voy a hacer enojos y berrinches –eso se sabe–, pero no se contradigan. Sé reconocer las rendijas por donde seguir insistiendo en mis caprichos.Este pedido es especial, aunque supongo que van a decir “y bue’, sos el del medio”. Me cansa estar siempre entre el “mayor” y la “princesa”. No me ayuda a saber si soy grande o soy chico, si el estúpido de mi hermano me tiene que cuidar o si yo debo cuidar a la estúpida de mi hermana, o qué. Y algún día me gustaría poder elegir pata (siempre pechuga o mísera ala). Ah: si llegan a querer tener otro hijo, me voy con los abuelos.Si ven que algo me sale bien, díganmelo. Repítanlo en familia, con amigos, con vecinos. Que me reconozcan por eso, no por lo que me sale “maso”.No me digan tantas veces lo mismo. Yo escucho perfectamente la primera vez; las demás no las registro porque, a mi edad, elijo algo más interesante que bañarme, acomodar las zapatillas, cepillarme los dientes, no embarrar el pantalón nuevo, llamar a la mesa, pasearlo al Betún.Me duele la panza todas las semanas, lo recontrasaben. Pero mientras voy mejorando, no pregunten cada vez: “¿Hiciste caca?”, “¿comiste porquerías?” “¿te fijaste en la fecha de vencimiento de las salchichas?”. En esos momentos necesito mimos, no preguntas.Si salimos a caminar, trátenme como a Betún. Tengan paciencia si me paro en cada árbol, si miro el paisaje o si camino despacio. Nunca tiren de la correa.Esto no es un pedido, sino un comentario constructivo: me gusta más la cara que ponen cuando vienen amigos a casa que la cara de todos los días. Están relajados, sonríen más.No se preocupen si un día me ven jugando sólo con varones, otro día con chicas y otro, con ese compañero que le gusta vestirse como mujer. Ustedes ya sembraron mi identidad y, aunque falte tiempo, hoy sé quién soy. El género se construye, no se contagia (otra gran idea de la tía).No me pidan que siempre diga toda la verdad. Les prometo que nunca les voy a mentir, pero a mi edad se necesita un poco de margen de acción.Si al terminar de leer esta carta creen que todo esto es basura, es probable que me haya equivocado de dirección. No podría haberla pensado ni escrito si ustedes no fueran ustedes.Los quiero y los necesito todos los días. Prometo hacer lo posible por aguantar a mis (estúpidos) hermanos.

* Médico

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CAPILLA DEL MONTE CLIMA